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Archivo para marzo, 2009

Palabras ¿sólo palabras?

Cuando pequeños aprendemos hablar, nuestras palabras son el más grande hito de nuestra comunicación y nos revelan a los demás, cómo somos. Luego que desarrollamos y nos tecnificamos, las palabras pueden llegar a ser sólo palabras, que comunican y a la vez, pueden no comunicar nada (se tornan vacías). Esto pareciera deberse a que hoy fácilmente las palabras o “la palabra” ha perdido su valor y hasta sólo es un instrumento de ocio o pérdida de tiempo.
Cuando tomamos tiempo para elaborar nuestras palabras, éstas se vuelven productivas y podemos plasmarlas en páginas que otros puedan leer y cuando nuestras palabras se tornan en hechos comunitarios, éstas van a ser recordadas por buen tiempo por nuestros amigos, vecinos o gente en general que vivió con nosotros un hecho social específico.
Y si alguna vez nuestra palabra contribuyó en salvar a alguien en cualquier lugar, su trascendencia alcanza las nubes y a los corazones.
Hablar, para Jesús, tiene mucha connotación, y no son sólo palabras, sino que reflejan lo que hay o lo que no hay en el corazón. Revelan el corazón del que habla.
Por nuestras palabras vamos a ser juzgados y eso es motivo que midamos siempre la forma y contenido de lo que hablamos.
Si estas palabras tienen contenido y edifican o traen consigo perdón, debemos abundar en ello. Sobretodo hablando verdad unos a otros y con acciones de gracias también.
Pero si atacan como golpes de espada y son ásperas (con gritería y enojo incluidos) hay que evitarlas. Si por otro lado, son lisonjeras, engañosas (y aún maliciosas), suaves (como los chismes) e infladas, tengamos mucho cuidado que nos va a servir sólo de condenación.
Este aprender a hablar permanentemente bien, es sólo producto de una disciplina y ejercicio de la fe, con sumisión de nuestra mente a la de Jesús, con apertura de nuestro ser entero a la vida de Dios, siendo enseñados por Jesús, día a día, desechando lo malo y vistiéndonos del nuevo hombre creado según Dios en ña justicia y santidad de la verdad.
Dios nos guíe a cuidar nuestras palabras, para que éstas reflejen lo bueno que El nos ha dado.

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