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Archivos para Génesis

El sobrino Lot

Para Abram era el hijo que no había tenido y muy probablemente compartió la visión que Dios le había dado de esa nueva tierra y se lo llevó con él.  Su prosperidad era evidente, hasta el punto que ya no cavían en la tierra y Abram tuvo que pedirle que le dejara la porción de tierra que él no desee, le dió a escoger lo mejor según sus ojos. Y escogió un valle muy fértil sin considerar la sociedad que le rodeara, se desarrolló en medio de la banalidad y no mejoró su entorno, simplemente vivió sus circunstancias, aunque pareciera que eran dependientes de un pequeño imperio al que servían; probablemente sus ganancias sustentaban tanto esos tributos como su propio estilo de vida o renunció a sus anhelos con su familia.

Un incidente como el hecho por Querdolaomer, debió sacudirle el piso y hacerle sacar nuevas conclusiones o buscar otras perspectivas, pero parece que se había acostumbrado, volvió a ver a su tío, tal vez le dió gracias y fue motivo de encontrarse con él, pero … nada más.  No sé si Lot vio lo que sucedió  en el valle del Rey; no sé si vío a Melquisedec; pero regresó a su Sodoma y Gomorra, y … nada más.

Un día, en las conversaciones de Abram con su amigo, se supo que Sodoma y Gomorra serían destruídos, a lo que Abram, interrogó pero … si allí está Lot, tiene que haberse producido algún cambio, por lo menos cincuenta que deben haber aprendido de él algo de Dios que les permita ser justos, pero parece que ni siquiera diez… nada más… pero Lot estaba allí y Dios miró con su misericordia su vida y la de su familia, aunque sea siquiera ellos … pero no se pudo salvar a su esposa, sólo quedó la sal como su recuerdo.

Cuantas veces Lot, hasta el final Lot, sólo la gracia de Dios siempre inmensa, permitió que Ruth una moabita sea parte de la línea genealógica bendita de Jesús, el hijo de Dios.

Con tanto impacto de la imagen hoy en día, la globalidad y la comunicación “hasta con los extraterrestres” y “en cualquier idioma del mundo exterior codificado y decodificado”, nuestra relación con Dios que no pierda su eficacia y su impacto en nuestras relaciones diarias entre nuestros semejantes, en nuestro mundo; porque seguimos siendo ciudadanos del mundo.

Promesas

Salir es una orden cibernética que deja atrás la página “anterior” y trae un nuevo evento.  Abram dejaba su tierra, su parentela, su herencia familiar, sus aspiraciones relacionadas con sus ancestros y hermanos, en búsqueda de una nueva realidad, que le iba a ser mostrada en su totalidad.

Lo nuevo no siempre es claro, pero trae consigo la esperanza.

El evento nuevo a vivir parte de la promesa.

En Abram, Dios hace una nación grande, un nombre engrandecido, una bendición amplia pero concreta en la persona de un hombre… y una mujer… y un niño.  Una bendición que marca precedentes y sirve como medida al desarrollo de cualquier otro pueblo, pues el pueblo que nace en la fe, no es cualquier pueblo, sino el pueblo de Dios, nacido de una promesa, nacido de una amistad, de una relación simple y clara, entre un hombre y Dios.

Creer en las promesas, hoy resulta difícil, porque nuestra generación está marcada por la deslealtad, la desconfianza y la falsedad; la imagen que domina ha hecho que nuestra generación proyecte varias fantasías que hasta no permiten un reconocimiento adecuado de la realidad. A pesar del mayor conocimiento que hoy disponemos.

Aún creer en Dios en este tiempo resulta difícil, porque vivimos muy sumidos en otros mundos, aún galácticos, que el mundo espiritual se nos ha hecho tan pequeño que pocas veces lo podemos encontrar en nuestra agenda recargada.  Creerle a Dios en el terreno de los hechos es el gran reto actual, sin vestimentas, sin formalidades, sin frivolidades, sin discursos sino simplemente en nuestra vida diaria, en su presencia, delante de él, ya sea caminando, descansando, en visiones, en nuestras tareas, sirviendo o simplemente atendiendo a una necesidad.

Aún en este tiempo hay niños… , mujeres… y hombres, … familias, que asumen promesas y esperanza que les permite alcanzar lo que sólo pueden imaginar o visualizar escasamente cuando asumen un reto y deciden entrar en ese tereno nuevo de la promesa y de la fe.  Abram creyó y le fue contado por justicia.